¡Pero cómo no vamos a felicitaros la Navidad!

Hace unos días una persona nos preguntó:

¿Este año no vais a felicitarnos la Navidad?

Imbuidas en la más extrema rutina tan elegida y buscada como ya atragantada, caímos en la cuenta de que estamos descuidando a nuestros querid@s Patiter@s.

Como quien se despide de su sombra, la musa que nos inspira se quedó en el asiento de avión que nos trajo de Estambul a Madrid y por más que tratamos de contactar de nuevo con ella a través de vidrios verdes y reuniones sociales, parece ser que ella no quería volver.

¿Alguien la consultó?

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¿Por qué no volvimos a casa en un coche comprado a la mafia rusa?

Era la opción que más votasteis cuando propusimos varias posibilidades de vuelta a casa. Aquí nos demostrasteis que os va más la juerga que a nosotras ¡Bandidos!.

Esta opción se nos hizo imposible cuando vimos la lista disparatada de requisitos que solicita el gobierno ruso para conseguir un simple visado de turista.

Sería mucho más “fácil” volar desde Urumqi hasta Chisinau y allí hacernos con unas bicicletas para atravesar el sur de Europa (Rumanía, Serbia, Bosnia, Croacia…) hasta España. ¿Fácil no? Tal era nuestra intención, I promise.

¿ein?

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El camino del silencio

Cuando estábamos en las últimas semanas (sin saberlo) de nuestro viaje, fantaseábamos con las largas jornadas de El Camino de Santiago, sus pueblitos, sus “buen Camino”, sus cafés con pincho de tortilla…

Y una vez aquí nos tiramos a la ruta más por la necesidad mental de poner el cuerpo a prueba para liberar la mente, que por aquellas recientes fantasías.

La vuelta de un largo viaje no es fácil amig@s. No lo es por un montón de motivos más allá de los -“Ahora a trabajar, se acabó lo bueno…”- eso es lo que veis de un iceberg que se bambolea a la deriva buscando Titánic para chocar. Y ahora que escribo, creo que esto es materia para otro post que ya llegará cuando me deshaga de la procrastinación más grande que he tenido en mi vida (o más)

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La vuelta a casa después de un largo viaje

Nuestra desubicación todavía es palpable y no es de extrañar teniendo en cuenta que una tarde decidimos volver, EN SERIO, a casa y pocas horas después estábamos volando.

(EN UNA AGENCIA)

– Queremos dos billetes a Madrid.

– ¿Para cuándo?

– Hoy.

– …

– Sale esta noche.

– ¡Pues dese prisa mujer!

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