Caminatas, lagos y perderse… – Myanmar

Después del baño de masas en el  festival budista, le siguieron un par de días de caminatas por montes y campos de cultivo que bien podrían haber sido los de Castilla León o La Mancha.

Como en casa!

Como en casa!

Paisajes lindos, gente que te cruzas en el camino

Camino entretenido.

Camino entretenido.

Y nosotras que no paramos de Minguelabear.

MINGUELABEAR: Dícese del verbo que nos hemos inventado a raíz del saludo más popular en Myanmar “Mingelabar” y que no paramos de repetir por todas partes.

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Aprendiendo más del budismo en Kalaw – Myanmar

Un bus de Hpa An a Bago de cinco horas y ya notamos las diferencias entre la gente. En Bago tuvimos que esperar un par de horas para tomar el siguiente bus (en teoría nocturno aunque lo tomes a las 18:30 pm y te suelten a las 3:00 am) que nos llevaría hasta Kalaw y aprovechamos para dar una vueltecilla por esta ruidosa ciudad.

Caras más indias son las que nos recibieron. Nos adentramos por uno de esos barrios en los que ni de coña te meterías en tu ciudad por miedo a salir sin bragas y nos trataron como a reinas. ¡Qué bien Myanmar joder!

Guapas!

Guapas!

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Entrada triunfal en Myanmar!

Después de que Tailandia nos plantase la mosca (expresión canaria que siempre me ha encantado) enseñándonos su cara más amable, cruzamos la frontera más simpática de nuestro viaje hasta la fecha. La de Mae sot, Tailandia con Myanmar, puede parecer peligrosa como toda frontera del mundo mundial, pero es de las más distendidas y entretenidas que hemos pasado.

Criuzando el puente de la amistad entre Tailandia y Myanmar.

Cruzando el puente de la amistad entre Tailandia y Myanmar.

Eso sí, una vez sellado pasaporte peleate con los conductores que te están esperando frotándose las manos.

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Tailandia nos abofetea la cara

Como si Tailandia al completo hubiese leído el post que publicamos con nuestras impresiones sobre el país, después de ello todo cambió. La verdad es que no sabemos lo que cambió exactamente, si el país entero con sus millones de habitantes, o nuestra manera de viajar que se había adormilado.

Para ir de Bangkok donde habíamos llegado directas desde las playas camboyanas, a Mae Sot, la frontera con Myanmar, decidimos hacerlo a dedo (autostop). Deseábamos volver al buen cauce del ahorro y salir de la ruta del blanco para conocer más y mejor a un país que nos había dejado hasta el momento un mal sabor de boca.

Comienza la aventura.

Comienza la aventura.

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Que nos gusta encontrarnos con buena gente! – Camboya

Está claro que Camboya ha sido el país de las personas. Los propios camboyanos, las que hemos visitado, y las que nos hemos encontrado por el camino.

Sin estar en modo playa nos deslizamos hasta el sur del país, Sihanoukville. Una noche, por obligación, en Serendipity la playa más fiestera de la zona fue suficiente para tomar el ferry al día siguiente hacia Koh Rong.

Koh Rong es isla fiesta. Pero de esas que llegas en la mañana y te encuentras a la gente tirada en la playa en posiciones imposibles, y no sabes muy bien si están muertos, en coma etílico o ambas cosas. Huímos de allí atravesando la selva durante 45 minutos en un trekking jodido y NADA recomendable para hacer cargados con mochilas.

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