Bipolaridad “viajil”

¡Qué playas! ¡Qué mar! La Riviera Maya tiene fama mundial y no es porque sí. Playas de arena tan blanca y tan fina que hasta al cocainómano más experimentado pueden confundir. Un mar de azul intenso, un caribe que no habíamos visto en toda la costa caribeña desde Colombia hasta el mismo México.

Playa Delfines en Cancún, la más solitaria que encontramos.

Playa Delfines en Cancún, la más solitaria que encontramos.

Unas playas en su mayoría privatizadas por los miles de alojamientos que se agolpan sobre la arena y que solo los huéspedes pueden disfrutar a sus anchas a no ser que te cueles (para variar) por las mismas instalaciones del hotel. Las playas públicas llegan al nivel en gente de Benidorm en septiembre.

Colada triunfal y a disfrutar de la playita para huéspedes...

Colada triunfal y a disfrutar de la playita para huéspedes…

¿Dónde más puedes disfrutar de unas ruinas Mayas con vistas al mar y que incluso te puedas bañar en una calita contemplándolas desde tan privilegiada posición si no es en Tulum?

¿Ruinas Mayas o parque temático? gente, gente, gente…calor inhumano, humedad, calita minigüini llena de gente acalorada como tú que busca mojarse para no desfallecer entre las piedras de unas ruinas que no son las más representativas de una cultura como la Maya.

Ruinas de Tulum

Ruinas de Tulum

Sensación de veraneo de vacaciones, bares molones en los que entrarías de manera indiscriminada para probar todos los cócteles de la carta. Restaurantes de moda, gente guapa.

Tiendas y más tiendas. Lugares hechos por y para el turista. Ciudades de cartón piedra, nada real. ¿¡Dónde están los bares de la gente local!? Precios desorbitados.

La segunda barrera de coral más grande del mundo comienza en Cancún y por su situación tan cercana a la costa, se puede visitar y disfrutar haciendo snorkel en una sencilla excursión en barca.

Decenas de barcas surcan las costas con turistas sin prestar demasiada atención a los que se encuentran nadando en las inmediaciones. Barcas que sueltan el ancla sin importarles el coral que se están cargando con ese simple acto.

Actividades acuáticas, cenotes, ruinas, deportes de riesgo, una amplia oferta para disfrutar del entorno se abre desde Tulum hasta Cancún.

Mírame y no me toques es lo que dicen los precios de cualquier tipo de actividad o entrada a algún lugar de interés en toda la Riviera Maya.

Todos los lugares, en mayor o menor medida, te crean una doble opinión. La Riviera Maya en Península de Yucatán, sacó a relucir una bipolaridad en nosotras que hasta ahora no habíamos conocido. Opiniones aparte, esta zona de México es ein muss en la vida de todo viajer@.

...cada cual, que opine lo que quiera...

…cada cual, que opine lo que quiera…

 

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Flexibilizar, gran verbo

Hay algo importante a la hora de viajar y a lo que tal vez no se le presta mucha atención: ser flexible.

Encaminándonos a la frontera de México con Belize, teníamos muy claro que haríamos noche en la horrible Chetumal y al día siguiente seguiríamos camino a algún punto de la Península de Yucatán. Lo que no puedes prever es la gente que te encuentras en el camino y que te hará dudar de tus planes. Dos chicos mexicanos que nos acompañaron gran parte del trayecto en bus, nos recomendaron hacer noche ese mismo día en Bacalar y seguir la ruta al día después.

El fuerte de Bacalar ubicado en el centro del pueblo

El fuerte de Bacalar ubicado en el centro del pueblo

¡Qué bonito es Bacalar! ¡Qué genta más simpática! qué agradable, qué tranquilo…

Acampamos en el balneario municipal por 50 pesos (menos de 3 leuros paya) BALNEARIO MUNICIPAL: Dícese de parque con baños y ducha en el exterior situado a las orillas del lago, donde los lugareños van a pasar el día cual domingueros. Cosa que nos pareció estupendísima y nos unimos a ellos, con nuestras latas de sardinas, de cerveza, melón fresquito de postre…

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Más a gusto que un arbusto con nuestra casita

Allí vimos nuestro primer Cenote, el Cenote Azul enclavado en una laguna redonda, de 90 metros de pronfundidad y bordeada de bosque. Éste fenómeno viene siendo una piedra muy grande hundida en el agua y de la cual los mexicanos están sumamente orgullosos y no paran de reptirte que los visites todos. Nosotras este consejo nos lo tomamos con calma teniendo en cuenta la “cenotada” que hay en este país.

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Cenoteando!

Bacalar fue un punto perfecto de parada y fonda como entrada a México, y en el que finalmente nos quedamos disfrutando del pueblo, su gente y sus encantos tres días.

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En la pasarela de nuestro balneario querido

Al contrario de lo que pueda parecer a veces, viajamos con un itinerario y un plan a menudo trazado el día anterior, pero nos encanta flexibilizar nuestra ruta en favor de lugares o experiencias como esta.

Yo flexibilizo, tú flexibilizas, él flexibiliza…más de uno debería tomar nota de este verbo para aplicarlo a su vida.

¿Y tú, flexibillizas?

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El chico del bus

Nos preparamos ese día para lo que significa cambiar de país, es decir, cruzar la frontera, la lagrimilla de dejar otro país, la excitación de entrar en uno nuevo y en definitiva un largo día.

En el primer autobús que tomamos a las 7:00 am, a mi derecha dormía como un bendito un chico bastante joven con unas discretas mechas rubias, nada común en un hombre en estos lares, a lo que yo pensé “pa mi” – este tío es gay. Y aquí se quedó la cosa.

Cuatro horas más tarde ya estábamos del otro lado de la frontera y de camino a un nuevo transporte para llegar a nuestro objetivo del día.

Cual fue mi sorpresa al ver entrar al bendito dormilón a nuestro autobús, y sentándose de nuevo a mi derecha. En ese momento no me pude reprimir y tras el pertinente codazo a Marta le siguió un – Este chico es el chico del bus anterior y yo creo que es gay – ¿Por qué tendemos a señalar a los de nuestro gremio?

En el tiempo transcurrido después, buscaba en mi cabeza cómo entablar conversación y notaba que él también nos había reconocido y algo le rondaba igual que a mí. Finalmente en una parada de esas en las que el bus al completo se tira en plancha al baño y a saquear la tienda de chucherías, entré a saco: -¿Tu ibas en el bus de Quito a Tulcán verdad?- a lo que le siguieron las preguntas de rigor, de dónde vienes, a dónde vas, vaya horada llevas de bus…hasta que llegó mi helado de chocolate que captó toda mi atención y abandoné cualquier otra ocupación. El chico del bus tenía ganas de hablar y nosotras también, por lo que solo bastó otra parada, esta vez para cenar, para contarnos la vida en unos minutos.

Nuestro protagonista llevaba casi dos días de viaje atravesando Ecuador, donde vive ahora, hasta llegar a Colombia, su país de origen. Volvía a casa después de dos años para estar con su familia una temporada. En menos de cinco frases ya estaba informado de que somos matrimonio, a lo que respondió -¿En España se pueden casar? Yo me quiero ir allí, ¡Me quiero casar! – ¡toma! Es gay. Mi gay radar sigue intacto.

Con solo 18 años se había ido a otro país a trabajar sin conocer a nadie. Ahora vivía con su novio, y ante la pregunta de, qué tal con tu familia, si respetaban su decisión y conocían su situación actual, respondió que todo bien exceptuando la relación con su padre, al que catalogó de medio idiota y estúpido.

Cuando contaba con 16 años, salía de fiesta con su chico de entonces y mostraban su relación sin ningún pudor, respondía a todos aquellos que se atrevían a meterse con él y en definitiva vivía su sexualidad con orgullo. Pero al llegar a Ecuador e instalarse en un barrio donde la gente habla demasiado, decidió ser más discrero para evitarse malos ratos. Lo contaba como si la madurez (estamos hablando de un chico de 20 años) le hubiese hecho abandonar la irreverencia y valentía de la niñez que tan buena es para no olvidar quienes somos. O ¿acaso no somos nosotros los que hacemos que la homosexualidad no se vea como algo normal, lo que es, en muchos sitios por el hecho de no exteriorizar nuestros sentimientos en público?

Nos centramos en nuestro viaje y de donde somos. -Barcelona te encantaría, si vas a España no te la puedes perder.- Sí, tengo un amigo por allá y me está presionando para que vaya allí con él a trabajar en la prostitución. Dice que se gana mucha plata-. Intentamos relativizar la frase que acabábamos de escuchar, si eso es posible, y quitarle la idea de la cabeza. Le explicamos las mafias que se lucran de chicos jóvenes y bien parecidos como él y lo sórdido de ese mundo.

-En Francia tengo un amigo que ya es mujer, se ha operado todo y también trabaja de eso…quiere que me opere y vaya para allá. Yo me quiero morir con este cuerpo, me gusta como soy. Y no penséis que no he roto un plato, yo también tengo mis cosas con maduros. Me llaman por teléfono, voy, hago lo que tengo que hacer, me pagan y me vuelvo a mi casa. Algunos son heteros con familia y todo y nadie sabe que van conmigo, pero hay otro que es gay y su mujer lo sabe. Duerme con ella pero nada de nada, mantiene a la familia como marido pero ellos son amigos y la mujer lo acepta.-

Nuestro estupor crecía con cada palabra. Escuchábamos su monólogo de tono totalmente inocente y despreocupado como el que habla del tiempo, sin darle la importancia que requiere el hecho de prostituirse.

Sin buscarlo el chico del bus nos había proporcionado un debate que es más cercano de lo que pensamos, hombres maduros casados que son incapaces de asumir su sexualidad y que promueven uno de los mercados más desagradables que existen. La presión social en latinoamerica, el peso de la iglesia, el machismo y otros aspectos, hacen que situaciones como la narrada sean más comunes de lo que nos podemos llegar a imaginar.

Sin querer nos llegó la historia del chico del bus, y así os la trasladamos sin florituras ni aderezos.

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Soltando lastre

He dejado de ponerle nombre a los días. Ya no busco mi reflejo en los escaparates. No tengo una ropa diferente que se llame “pijama”. Lavarse la cara se ha convertido en un placer, no en una obligación. Observo la vida desde fuera y desde dentro. He inflado mi paciencia. Sonrío y converso con la gente que me encuentro. Vivo con el sol. Estoy aprendiendo a hacer nada.

Resumiendo, me estoy empezando a dejar barba.

Nuestra casa a la espalda

Porque nos apetece, porque le tenemos mucho cariño, porque nos ha dado muchas alegrías, porque…porque…porque SÍ, os presentamos nuestra casa actual.

La hemos denominado Can Sorra (casa tierra) por motivos obvios…

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